¿Qué son y qué hacen?

La Unión Europea regula las condiciones de comercialización de los huevos de gallina. Para su venta fuera de la granja de producción al consumidor, los huevos se seleccionan según su calidad y peso.  Se envasan y etiquetan y se distribuyen después para su venta. La industria alimentaria en la que se realizan estos procesos es el centro de clasificación (también denominado de embalaje).

Cada centro de embalaje está registrado y autorizado por las autoridades, que le asignan un número de registro oficial. Ese número de registro lo identifica como una industria alimentaria que cumple los requisitos de la Unión Europea. Los centros de embalaje son las únicas industrias autorizadas para clasificar y envasar los huevos.

A su llegada al centro de clasificación los huevos se seleccionan por criterios de calidad. Solo los huevos frescos, denominados “categoría A”, se pueden vender directamente al consumidor. Sus características son:

Los huevos frescos no se lavan ni se limpian por otros procedimientos antes o después de la clasificación.

Tampoco se someten a ningún tratamiento de conservación ni refrigeración a temperaturas inferiores a 5 °C.

Los huevos que no cumplen estos criterios se consideran “categoría B” y deben ser transformados en industrias de ovoproductos para su uso posterior.

Los huevos de categoría A se clasifican y envasan por sistemas de cría. El sistema de cría va indicado en cada envase.

Los huevos frescos destinados para su consumo como huevos de mesa se clasifican en función de su peso en cuatro clases:

  • XL, súper grandes: de 73 g o más.
  • L, grandes: de 63 a 73 g.
  • M, medianos: de 53 a 63 g.
  • S, pequeños: menos de 53 g.

No es obligatorio vender los huevos clasificados por peso. Si en un estuche se envasan huevos de categoría A de diferentes tamaños, debe indicarse el peso neto mínimo de los huevos en gramos, y en una de las caras exteriores del estuche, las palabras «huevos de tamaños diferentes».

Una vez seleccionados los huevos por sistema de cría y calidad y clasificados por pesos (en su caso) y se envasan para su distribución al mercado.

Los embalajes de los huevos resistir los golpes, estar secos, limpios y en buen estado. Se fabrican con materiales que protegen a los huevos de olores extraños y de posibles alteraciones de la calidad. En su exterior llevan la información de la etiqueta. 

Hasta su venta al consumidor, los huevos deben mantenerse limpios, secos, apartados de olores externos y de la luz solar directa y protegidos contra los golpes.

Los huevos se almacenan y transportan a la temperatura, preferiblemente constante, más apropiada para garantizar la perfecta conservación de sus propiedades higiénicas.

La fecha de consumo preferente indicada en la etiqueta es como máximo 28 días desde el día de la puesta. No es una fecha de caducidad. Simplemente indica que el huevo no se puede considerar fresco desde entonces.

Un huevo fresco debe venderse al consumidor en los 21 días posteriores a la fecha de puesta.

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